13 abr. 2013

'Anna Karenina', soberbia en estado puro


Soberbia, por muchas vueltas que le doy, no se me ocurre palabra mejor para describir la versión del clásico de Tolstói que nos brinda Joe Wright. Excesiva, sin duda, es la reintrepretación, o más bien representación que Wright nos regala a través de una Keira Knightley desquiciada, arrogante, y desde luego, poderosa.


Tras el reconocimiento conseguido con otras adaptaciones de las novelas Orgullo y Prejuicio o Expiación, grandes éxitos ambas de crítica y taquilla. el director inglés se muestra más descarado que nunca regalándonos una puesta en escena impresionante: un teatro en el que cabe la pasión desmedida, la crítica, la vergüenza, e incluso, el perdón. Eso por no hablar de la falta de coherencia y la lentitud en la que, en no pocas ocasiones, cae la trama de una mujer que, en la Rusia zarista, rompe con los límites impuestos por la sociedad, por su marido -un exasperante pero magnífico Jude Law- y por ella misma. En ocasiones, incluso, la extravagancia ocasiona que perdamos de vista el trasfondo, además de las subtramas no siempre adecuadamente articuladas.


Pero quizás sea ese su mayor atractivo, pues si lo que se busca es un fiel reflejo de la Anna Karenina original, nada mejor que acudir a las páginas impresas de una de las obras cumbre de la literatura rusa. Quienes deseen el más mínimo atisbo de purismo, mejor que revisen la cartelera porque Wright realiza, si se me permite la expresión, un ejercicio de hermenéutica para interiorizar una historia de la que nos ofrece solo una visión, la suya, de un panorama tan múltiple y complejo como son los actos de una mujer movida por las emociones más básicas y contradictorias. El director retuerce y abusa de la exageración para ofrecernos una concepción del amor muy particular, que, a través del triángulo formado por Knightley -Anna Karenina-, Law -Alexei Karenin- y Aaron Johnson -Vronsky-, logra descargar su fuerza apelando a la irracionalidad del espectador. Un espectáculo creativo que merece la pena ser experimentado. Sin ser excelente, Anna Karenina no deja indiferente. 

Nota Making Of: 8


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